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Julieta Penagos

Relaciones de género, desde la coyuntura y la política o la tv, hasta la moda.

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Ansa y Hollapa ven una película en "Flores de Otoño"
Ansa y Holappa en "Hojas de otoño"
Tomado de  https://mubi.com/es/co/films/fallen-leaves-2023 

En el cine de Aki Kaurismäki, las historias son hechas de silencios que hablan más que las palabras. Su minimalismo emocional, su delicadeza y sus personajes, a menudo habitantes de los márgenes de la sociedad, se mueven en fábricas, bares, salas de cine; lugares mínimos y llenos de significado. Ya sabemos que Kaurismäki tiene esa capacidad de encontrar belleza en lo cotidiano, de mostrarnos que las vidas simples están hechas de melancolías y esperanzas.   

En "Hojas de otoño", Ansa, la protagonista, es una mujer que enfrenta las dificultades de la vida con una dignidad que desarma. A pesar de las desilusiones que recibe, no se deja amilanar por el drama. Organiza su casa, enfrenta la mesquindad de su jeje con despreocupación, adopta un perro y sigue adelante. Sus silencios y pequeños gestos nos cuentan más sobre ella que cualquier diálogo. Y, de fondo, las noticias sobre Ucrania en su pequeña radio capaz de amplificar el caos del mundo.

Pienso en Ansa y me veo reflejada en ella. Mi vida, como la suya, ha sido sacudida por un desamor que podría haberme roto. Pero aquí estoy, cumpliendo 44 años, escribiendo estas palabras, dándole belleza a mi historia y buscando el sentido en medio del caos. 

En “Hojas de Otoño”, sabemos que es 2024 por un calendario que aparece por ahí, pero la relación de sus personajes con la tecnología es encantadora. Los celulares, por ejemplo, son usados ​​solamente para hablar por teléfono, logrando aislarles del ruido del mundo moderno, esto les permite habitar su soledad y sus preocupaciones. En mi historia de desamor, mi ex pareja vivía obsesionado en su celular, habitando otros lugares, construyendo otras eróticas, añorando otro cuerpo. Yo estaba muy ocupada pagando las cuentas y arreglando la casa mientras él, con más tiempo que yo, hacía uso de mi tarjeta y gastaba mi salario en otra relación. Así viví la simpleza de mi vida.  

Las hojas que caen de mi árbol.

El árbol que soy
creado con DALL-E 3

Cuando vi “Hojas de Otoño”, pensé en mi vida como un árbol cuyas hojas caen. Lo construí como se construye cualquier proyecto: expectativas, sueños, amor, pero ahora las hojas caen y cada una de ellas es una pérdida, una traición, un golpe. Mi matrimonio, que muchas personas veían como sólidas, desde hace años pendía de un hilo y un buen día se desmoronó tras muchas mentiras e infidelidad. Mi ex pareja, conocido por muchos como un hombre "bueno", me engañó y lastimó de muchas formas. Él justifica sus actos en las sombras de su infancia, pero lo que yo veo es una capacidad increíble para destruir todo a su paso. Es su mayor talento.

Lo más doloroso ha sido ver cómo involucró a nuestro hijito de cuatro añitos en su infidelidad. A esa edad, los vínculos son frágiles y las confusiones dejan heridas. Y luego está el ruido. Las mentiras que él dijo sobre mí, acaso para compartir la culpa, como esa afirmación absurda de que llamé a la mujer con la que me engañó para insultarla. Quiero que esto quede claro: eso jamás ocurrió. No llamé, no insulté, no participé en ese juego de degradación. Cuando me enteré del engaño, lo saqué de mi espacio inmediatamente y me quedé con mis hijos, mi engaño, mi dignidad y mi verdad en casa. 

El caos frente al silencio  

Envidio los silencios de Kaurismäki. La sobriedad de su mundo, donde hasta el dolor tiene un orden, una contención. En mi vida, lo que tengo es caos, ruido, comentarios, juicios y la responsabilidad otorgada a mí por haberlo elegido. Los lugares donde compartí momentos importantes, donde se construyó y se desmoronó el amor, ahora son fantasmas que a veces no puedo reconocer. Pero, como el árbol en otoño, sé que este no es el final. Las hojas caen, pero el árbol no muere y se prepara para un nuevo comienzo.   

Ansa, yo y la dignidad frente al desamor  

Ansa y su perro Chaplin en "Hoja de otoño"
Ansa y su perro Chaplin en "Hojas de otoño"
Tomado de  https://www.pagina12.com.ar/617303-hojas-de-otono-cuento-de-hadas-y-realismo-en-el-ultimo-film-
Como Ansa, yo también tengo una cotidianidad simple y enfrento dificultades: la búsqueda de un empleo, organizar mi casa, cuidar de mi hijo, mi hija y mi gata, y encontrar sentidos en medio de la incertidumbre. No me dejo consumir por el drama, aunque a veces el dolor por la traición y la deslealtad parecen muy grandes, siempre aparecen cada día las pequeñas esperanzas que me hacen sollozar o me sacan sonrisitas.

Descubrir la verdad, aunque duela, me dio una claridad que agradezco con sinceridad y sólo fue allí donde encontré tranquilidad. Después de tantos años de convivencia, por fin sé que estoy en el camino hacia la simplicidad que vengo buscando.

El amor de Holappa y Ansa surge en las entrañas mismas de la vida cotidiana, un amor que parece tan frágil como las hojas que caen en otoño, pero que, a pesar de todo, logra florecer. En mi historia, ese amor se perdió o se rompió y mi cuerpo siente que las hojas que alguna vez adornaron nuestro árbol cayeron al suelo, dejándome vacío y nostalgia.

Creo que, al final, después de la tristeza que produce la verdad, solo puede estar la belleza y la armonía. 

Ficha técnica:

Título Original: Kuolleet Lehdet
Origen: Alemania, Finlandia
Género: Comedia, Drama, Romance
Director: Aki Kaurismäki
Actores: Alma Pöysti, Jussi Vatanen, Janne Hyytiäinen, Nuppu Koivu, Alina Tomnikov, Martti Suosalo, Matti Onnismaa, Sakari Kuosmanen, Simon Al-Bazoon, Maria Heiskanen


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Generado con IA

Brad Pitt tipo anime. Generado con IA

El incidente del avión en 2016, que desencadenó en el divorcio de Brad Pitt y Angelina Jolie, Ocurrió durante un vuelo privado entre Francia y California. Brad y su hijo Maddox, de 15 años por aquel entonces, comenzaron a discutir, lo que llevó a Angelina a intervenir para defender a su hijo y esto no le gustó a Pitt, acusándola de sobreprotectora. Brad encerró a Angelina en el baño, la empujó contra la pared, le agarró, la sacudió la cabeza (según diversos medios y una investigación del FBI) y la intimidó dando puños en la pared. Al salir y ante la pregunta de si "mamá está bien", Brad respondió a sus hijos preocupados con un “¡NO!, mami no está bien. Está jodiendo esta familia”, a lo que uno de los niños le contestó: “No es ella, eres tú, p¡nche cabr*n”. Brad reaccionó corriendo hacia el niño, y Jolie se tiró encima de su espalda para evitarlo, sufriendo lesiones en codo y espalda. Brad derramó cerveza sobre Angelina y en otro momento vertió cerveza y vino tinto sobre los niños, además de impedir durante 20 minutos que la familia desembarcara al final del vuelo. Seis días después, Jolie presentó el divorcio.

Las consecuencias no pararon ahí: ahora, tres de sus hijos han renunciado a su apellido, señalando públicamente los momentos dolorosos que vivieron a su lado. Una paternidad marcada por la violencia, la imposición y el control. El incidente del avión refleja una realidad demasiado común: muchos padres ejercen su poder a través de la humillación y el abuso, sin pensar siquiera en el daño irreversible que causan.

La no repetición

Tomada de: https://www.1zoom.me/es/Sr._y_Sra._Smith/t2/1/

Brad Pitt y Angelina Jolie en "Mr and Mrs Smith"
Tomado de: https://www.1zoom.me/es/Sr._y_Sra._Smith/t2/1/

Lo cierto es que las mujeres no queremos repetir las historias de nuestras madres, abuelas y todas nuestras ancestras. Hemos visto, y a menudo soportado, las cicatrices que dejó el maltrato familiar causado especialmente por padres. Los hijos e hijas de hoy exigen ser tratados con respeto y consideración, reconociendo que merecen una vida sin desprecio.

Parece que para muchos hombres, la paternidad no se siente completa sin el control, la represión, el puño en la mesa y el grito. Su indignación ante la pérdida de ese "poder" muestra la poca comprensión y adaptación a los tiempos y a la nueva sensibilidad. Los cambios culturales, producidos en gran medida por los movimientos de mujeres que han conquistado formas de relación basadas en la igualdad y el respeto mutuo, parecen no ser muy aceptados por una amplia comunidad de hombres que insisten en negar la violencia y se indignan ante la exigencia histórica de transformación.

Soy mujer e hija y sé de qué estoy hablando. Comparto los resentimientos generados por paternidades dolorosas y he enfrentado con determinación la imposición gratuita de ex parejas y el reclamo por mi “falta de cooperación” al no asumir un comportamiento determinado. Ya sea en un avión privado, en una casa de un barrio latinoamericano o dentro de un auto en Roma, el incidente del avión con un hombre gritando y golpeando, y una mujer con sus hijos e hijas sobrellevando el dolor, se repite para garantizar que la hegemonía basada en el temor se mantenga. La indignación, la burla o la contrademanda como respuesta sólo profundizan el conflicto originado por una inequidad de género que simplemente no podemos soportar más.

Lecciones para Pitt. Lecciones para papás 

https://www.elle.com/es/star-style/el-estilo-de/g739160/angelina-jolie-brad-pitt-hijos-como-han-crecido/

La actriz Angelina Jolie junto a sus hijos e hijas
Tomado de la revista "Elle"

Seguramente Pitt creyó que su esposa y sus hijos e hijas merecían en ese momento su violencia por discutir, por la sobreprotección de Jolie, por no disciplinar a Maddox, o por desobedecerlo a él. Seguramente Pitt empleó la violencia para asegurarse de que nunca más nadie levantara la voz. Esto significa que Pitt se perciben a sí mismo como jefe y autoridad en una familia, emoción que sabemos bien es muy recurrente en muchísimos otros padres. Eso significa también que deben trabajar en sus emociones y aceptar que ya no es así, que las mujeres madres tienen la misma autoridad que ellos y que la crianza y la disciplina no debe incluir la violencia. Pitt buscaba imponerse y generar respeto a través del miedo, pero solo logró que sus hijos lo desconocieran, quitándose su apellido y alejándose de él. Si bien a violencia de Pitt es extremadamente común y también lo es la resignación familiar, cada día aparecen más reacciones como la de Angelina, sus hijos e hijas: Se alejan para siempre.

Cada integrante de la familia debe sentirse seguro y amado, y los padres deben dejar de percibir el llamado al respeto como un desafío a su autoridad. Si bien, durante toda la historia de la humanidad, los padres han decidido e incidido en el destino de toda la familia, la comprensión sobre el cambio y los beneficios que trae debería ser suficiente para abandonar su táctica de relacionamiento. El amor y el reconocimiento que provienen de relaciones basadas en el respeto y la igualdad son más poderosas que cualquier forma de control.




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Hecha con Ideogram AI

Compartir experiencias de maternidad ha resultado frustrante y muy incómodo para mí porque, a menudo, madres y padres suelen juzgar lo que hago – ya sea de forma sutil o directa – y se ponen como ejemplo para darme a entender que sus prácticas de crianza son mejores. A esta actitud, muy extendida, interiorizada y naturalizada, la he llamado la politización de la crianza, por la argumentación que se usa para anular a los demás y por los círculos donde eso pasa, que son los que me rodean. ¿Cómo podemos entonces despolitizar la crianza de nuestros hijos e hijas?

En primer lugar, la crianza no es un campo de batalla ideológico. Si bien nuestras experiencias personales y sistema de valores influyen en nuestras decisiones como madres y padres, no hay una forma "correcta" de criar. En mi experiencia, tanto en lo cotidiano como en lo profundo, intento que estas decisiones se basen en el amor, el respeto y el deseo de promover la comprensión, así como en apoyar a mi hijo e hija para que alcancen su máximo potencial. Lecciones simples y lugares comunes para un mundo en crisis.

Así mismo, despojo de conceptos y excesiva racionalización todo lo que ocurre en nuestra intimidad: elegir un disfraz, comer una hamburguesa el fin de semana, la música que oímos o las películas que vemos. No quiero ser una mamá “interesante” ni “sabia”. Quiero jugar de forma auténtica y ver Spiderman sin ser juzgada por eso.

La Crianza Como Campo de Batalla


Creada con Ideogram AI


Lastimosamente, la crianza se ha convertido en un campo de batalla ideológico donde madres y padres a menudo opacan las prácticas de unos y otros, imponiendo una impecabilidad ética que anula a las familias "simples". Esta politización ocurre cuando se argumenta con superioridad moral sobre decisiones cotidianas como horarios, dietas, la presencia de un televisor en casa o la forma en que interactúan con sus hijos. Este afán de perfección no solo restringe las emociones de los niños, sino que también les exige reflexiones y actitudes inapropiadas para su momento de vida.

Es raro encontrar conversaciones genuinas y sinceras sobre la crianza; lo que pasa a menudo son retahílas de indirectas y agresiones escondidas que se despliegan como armas, invalidando la experiencia de la otra persona o la otra familia y dando por sentado que la propia visión es la mejor, la más adecuada, la más ética o la más responsable. Esta actitud crea un ambiente de tensión y competitividad que no beneficia, deteriora la amistad y nos distancia. A menudo, me abstengo de contar lo que vivo o compartir mis historias para no salir juzgada. Cuando esto pasa, blanqueo los ojos y guardo silencio. Después cambio de tema.

El Poder del Ejemplo


Más allá del lenguaje, de la música instrumental que oímos, o del cine de culto, el ejemplo que damos como madres es un acto político real, una revolución. Si queremos criar hijos e hijas que sean coherentes, debemos serlo en nuestro propio comportamiento, y ahí me siento tranquila.

Esto significa mostrarles que en casa todos participamos en las tareas, confiar en sus decisiones y escuchar lo que piensan y sienten, hablando de manera sencilla y sin pretender la exquisitez ni la altura moral. Aprender para cambiar siempre, veo en el cambio un valor fundamental. 

Despolitizar el amor, despolitizar el juego, despolitizar la crianza


Un lugar perfecto por su imperfección
Mi familia: Mi lugar perfecto por su imperfección, por su simpleza,
por su desorden

Asumo que lo personal es político, y aunque parezca una contradicción con todo lo que acabo de decir, la crianza también es un acto político. Mi decisión política es la coherencia y la alegría. A las familias que tienden a anular y juzgar, les recomiendo recordar que cada familia es un universo cultural. Juzgar o enseñar cómo deben ser las familias es un acto de violencia. El verdadero acto político debería ser comprender y respetar esa diversidad, permitiendo que cada hogar encuentre su propia forma de amar, jugar y criar en libertad.


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Hace unos días, leí una nota de prensa que anunciaba la prohibición de la aplicación del Síndrome de Alienación Parental (SAP) en procesos de familia. Este “síndrome”, que implica la manipulación de un progenitor para inducir el rechazo del otro progenitor por parte del niño o la niña, ha sido objeto de controversia en diferentes jurisdicciones. Imagino que la Corte Constitucional tuvo en cuenta las observaciones del Mecanismo de Seguimiento de la Convención de Belén do Pará de la OEA, que aborda la violencia de género. Este organismo señaló que el SAP se ha utilizado de manera inapropiada, particularmente cuando las mujeres denuncian violencia. Además, resaltó la falta de respaldo clínico y científico del "síndrome", destacando una preocupante tendencia a culpar a las madres que denuncian violencia, convirtiéndose así en una forma adicional de violencia hacia ellas.

En mi pasado fui víctima de esta denuncia, junto con otras seis acusaciones, en un momento en el que fui percibida como frágil social y económicamente. En ese tiempo, mi hija y yo fuimos víctimas de diversas formas de violencia, desde la negación de la cuota alimentaria hasta el hostigamiento judicial, todo como represalia por mi "mal carácter". insistí en que nada sería como el progenitor imponía, es decir, que cada decisión, cada ejercicio, cada tarea, debía ser concertada y aprobada por mí, la mamá. Mi firmeza, interpretada como desafío a su autoridad masculina, resultó en años difíciles con secuelas traumáticas que aún están ahí.

Explorando el SAP


En mi búsqueda por comprender el Síndrome de Alienación Parental (SAP), encontré un artículo de la Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría que indagaba en su origen, alcance y propósitos prácticos. El análisis, titulado "La lógica del SAP: terapia de la amenaza"(1), destaca que el SAP se presenta como un cuerpo conceptual desde su formulación teórica como "síndrome médico puro" hasta su aplicación final como una especie de "terapia de la amenaza". Esta amenaza se basa en la inmediata modificación de la custodia y la posibilidad de aumentar las restricciones de contacto entre el progenitor –generalmente la madre– y el hijo o hija diagnosticados con SAP.

Este síndrome ha sido utilizado como una herramienta para silenciar a las mujeres madres, apuntando que son manipuladoras y utilizan a sus hijos para dañar a los padres varones. Importante destacar que los altos porcentajes de paternidades ausentes e irresponsables están vinculados a este fenómeno. El SAP se ha convertido en una contraacusación dirigida a mujeres que denuncian abusos y violencias impuestas por los hombres. En este contexto, el SAP ha sido una estrategia para desviar y proteger las irresponsabilidades, violencias y ausencias masculinas en la vida familiar. La dramática estadística de su uso ha llevado a su prohibición en países como Chile, España y ahora en Colombia.

La prohibición del SAP produjo en mí reflexiones sobre experiencias pasadas donde también fui víctima y victimaria. Pensaba en las condiciones que predisponen a una persona o grupo a ser víctima de injusticias y cómo las dinámicas sociales, económicas o culturales influyen en la vulnerabilidad ante situaciones victimizantes. Durante ese triste periodo de mi pasado, desempleada y enfrentando notificaciones judiciales mensuales de diversas entidades, - Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, de un juzgado de Familia, de una comisaría de Familia o de la Fiscalía – tuve que defender mi maternidad mientras ocultaba lo mal que estaba mientras mi sistema emocional y financiero se deterioraba, impidiéndome avanzar, concentrarme, sonreír, tener fe, confianza y afectando mi bienestar psicológico, Tuve insomnio, ataques de pánico y profundas dudas sobre mis capacidades, perdiéndome en un abismo durante dos años que fueron hábilmente aprovechados por aquellos que decidieron imponerme su castigo.

El Perfil del Victimario: Factores Determinantes

En el análisis del papel del victimario y su sistema cómplice de apoyo, surgen factores concretos que conducen a una persona o grupo a perpetrar injusticias. Mi propio victimario exhibía características que lamento reconocer en otros ejemplos similares. En primer lugar, la percepción de superioridad en aspectos sociales, de género, raza y económicos estaban allí. La frustración y el resentimiento por no encontrarme como una víctima "fácil" o manipulable parecían ser determinantes. La persecución jurídica a la que fui sometida, junto con la difusión de comentarios sobre mi mal carácter, funcionaba como una vía para aliviar su propio malestar.

También la información financiera que tenía de mí, lo que le permitía normalizar la discriminación y la persecución como una suerte de "justicia" para él y su equipo familiar y jurídico. Esta actitud y su círculo familiar que lo financiaba respaldada por la percepción de superioridad, hicieron un cóctel tóxico de injusticias.

En cuanto a las experiencias traumáticas o abusivas en la infancia de mi victimario, indudablemente influyeron en el desarrollo de patrones de comportamiento victimario hacia mí. En una ocasión en una comisaría de familia, mi victimario comparó mis actitudes con las de su madre para causar solidaridad hacia él. Esta estrategia no solo generó confusión entre las personas presentes, sino que también revela cómo aquellos que han sido víctimas pueden asumir la violencia como un mecanismo de supervivencia, replicando estos comportamientos en situaciones de poder. Este ciclo perpetúa la violencia y refuerza la necesidad de abordar las raíces traumáticas que alimentan las conductas victimarias.

La Profundización de los Conflictos



Identifico a dos clases de víctimas: aquellas que permanecen en la sombra, temerosas y cómodas para los victimarios y aquellas que enfrentan su victimización con valentía. Sin embargo, cuando una víctima valiente cuestiona con orgullo un acto victimizante, la percepción de irrespeto hacia las supuestas condiciones de "inferioridad" se percibe como arrogancia y falta de respeto, razón por la que el castigo se incrementa, aumentando de paso el hecho victimizante.

En contextos de desequilibrio de poder, ya sea en entornos laborales o familiares, se repiten refranes que refuerzan la sumisión, como "No morder la mano de quien da de comer", "No hay que ser desagradecido", "el que escupe al cielo le cae en la cara", "Quien tiene la plata manda" o "¡Quien la ve!". Si aquel que ostenta el poder no puede imponer su lógica, la respuesta suele ser una agresión más intensa para mantener el control, la hegemonía y la superioridad. Esto puede manifestarse a través de despidos injustificados, acoso laboral, deslegitimación social, expulsiones familiares o una serie de demandas. Lamentablemente, en muchas ocasiones, la víctima valiente experimenta una pérdida de legitimidad al defenderse o responder a la agresión, ya que se espera que las víctimas acepten los ataques con una ética inquebrantable, especialmente las mujeres.

En Latinoamérica, conocemos de cerca el significado de "valer menos", una tradición que nos ha acostumbrado a aceptar sumisamente los planes de las hegemonías. Los grupos sociales y de izquierda que desafían estas imposiciones suelen ser estigmatizados y ridiculizados. El asimilamiento de formas de esclavitud colectiva ha hecho que resulte impensable imaginar modelos distintos y horizontales, perpetuando con naturalidad el racismo, sexismo y clasismo como bases sociales predominantes.

Lo que persiste es la aceptación eventual de la imposición de "quien vale más", ya sea por cansancio o pérdida de esperanza en que todo será diferente. Rebeldes y sumisos se adaptan lentamente, ocupando el mejor lugar social posible. Incluso dentro de colectivos sociales, de izquierda y feministas, se reproducen agresiones basadas en la lógica de "quien vale más" o "quien tiene autoridad moral". Desafiar esta lógica puede conducir a la armonización de proyectos sociales compartidos y prevenir la desarticulación de procesos colectivos.

Adiós al Dolor


Las partes involucradas en conflictos pueden radicalizarse, causando un dolor particularmente intenso para aquel que "vale menos". Todo depende del carácter de la víctima y a cuán lejos esté dispuesta a llegar. En algunos casos, las víctimas ceden; sin embargo, también puede ocurrir, como fue mi experiencia, que el dolor simplemente desaparece, volviéndose inmune a cualquier ofensa, mentira o estrategia que intente afectar emocionalmente.

El momento en el que me reconocí como una persona fuerte y extremadamente serena pasó durante el seguimiento al caso de SAP en una comisaría de familia. Las profesionales ya habían dejado claro que no existía ninguna alienación parental y que ese término no tenía cabida en su oficina. Ante la persistencia del victimario, me sorprendí al constatar que nada me afectaba, alteraba, impresionaba o hería emocionalmente. Lo vi confundido y frustrado, elevando la voz y gesticulando, mientras yo mantenía una calma imperturbable. Durante meses, insistió en imponer su autoridad hasta que finalmente aceptó que había perdido el poder sobre mí y sobre nuestra hija. Fue el adiós definitivo al dolor.

Desafiar la Verdad y Tratar las Heridas con Honestidad


Idealmente, deseo que no solo este victimario, sino todos aquellos que abusan de su poder o se perciben a sí mismos con superioridad, se enfrenten a una reflexión sobre sus acciones y cuestionen la efectividad de su comportamiento. Sin embargo, las víctimas también tienen mucho que aprender y reflexionar.

Con los años y tras haber sido tanto víctima como victimaria, he comprendido que la vida es como un tejido o un río, y en ambos casos, la verdad es un relato en disputa. Descubrí que la rigidez de las verdades aceptadas suele ser un obstáculo. La resistencia a desafiar nuestras propias verdades nos limita e incluso nos anula, como cuando una persona insatisfecha se aferra a un trabajo que no ama, justificándolo con la estabilidad laboral, limitando su crecimiento, su tiempo y su alegría. Cuestionar la verdad que tenemos dentro es un acto de rebelión que desentraña las fibras mismas de la realidad y libera tanto a víctimas como victimarios.

Después de la confrontación, sin importar quién gane o qué verdad se imponga, tanto víctimas como victimarios quedamos heridos de diversas formas. Llega un momento en que la necesidad urgente y vital de pasar la página y sanar se hace presente. Si bien el tiempo tiene su efecto, en mi opinión, tratar las heridas con honestidad y confrontar las cicatrices emocionales reconociendo la realidad de nuestras experiencias nos expone a una verdad incómoda, pero puede ser el camino hacia la comprensión y la tan anhelada sanación.


Bibliografía 

(1) La lógica del Síndrome de Alienación Parental de Gardner (SAP): "terapia de la amenaza"
ESCUDERO, Antonio; AGUILAR, Lola  y  CRUZ, Julia de la. La lógica del Síndrome de Alienación Parental de Gardner (SAP): "terapia de la amenaza". Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq. [online]. 2008, vol.28, n.2 [citado  2024-01-17], pp.285-307. Disponible en: <http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0211-57352008000200004&lng=es&nrm=iso>. ISSN 2340-2733.




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Reflexiones imperfectas con enfoque de género. Una mala feminista y mis ideas sobre política, conflictos, cocina, amor, cine y mucho más.

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