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Julieta Penagos

Relaciones de género, desde la coyuntura y la política o la tv, hasta la moda.

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Tomada de HBO

Charlotte, Carrie, Miranda y Samantha. Protagonistas de Sex And the City. 
Tomado de HBO

Volví a ver toda "Sex and the City" . El algoritmo lo supo y me descubrió todas las críticas a la serie en mis redes, señalando, por ejemplo, el apego ansioso de Carrie y la masculinidad mesquina de John. Esta vez, celebré la imperfección de todas ellas y reconocí su contexto histórico: tan noventero, tan infame con las mujeres y nosotras tan ingenuamente habitando como nunca antes la libertad y la autonomía. Creo que sus personajes han crecido y, si alguna vez hay un capítulo dedicado a sus memorias, seguro reconocerán la estupidez de sus acciones en medio de toda esa energía juvenil tan fogosa e inexperta. 

Un grupo de amigas

Tomada de HBO

Las amigas bebe cosmopolita
Tomada de HBO

Aquellas chicas plantearon en la pantalla asuntos que eran tabú, raros o complejos. Importante la exploración sobre la amistad entre mujeres, para ser potentes, darse cuenta de seguridad, reconocer el miedo o desayunar el sábado mientras lee el periódico. Importante nombrarse y reconocerse desde la frivolidad, darle prioridad a elegir un atuendo o unos zapatos, visitar lugares chic o tener sueños superficiales, a riesgo de ser señaladas como menos mujeres, pocas mujeres o mujeres sin valor; porque antes, como ahora, “las mujeres de verdad” son profundas y miran casi como monjas, sobria y discretamente. El grupo de amigas buscaba el placer porque sí, para divertirse, vengarse, sentirse bellas o pasar el tiempo. También decidió terminar relaciones para seguir con otra u otras, o estar solas. Una de ellas se deleitaba con su cuerpo, lo veía como algo perfecto y eso es poco común.

La lucha interna

Todavía nos pesa la premisa fundamental sobre la feminidad y la resignación como ética, el aguante como rasgo natural, el silencio como evidencia de una buena educación y la obediencia para mantener una pareja. Estas décadas de feminismo han conquistado, entre otras cosas, olvidar esas premisas, construir una “identidad” —si se le puede llamar así— de lo que significa ser mujeres y la forma de nombrar las cosas. Lo que la psicología designaba como “dependencia emocional” o “inseguridad” ahora se nombra como “apego ansioso”, una forma común de etiquetar a Carrie en la contemporaneidad. El apego ansioso es un patrón de comportamiento en el cual una persona busca seguridad y validación en sus relaciones, causado por un miedo al rechazo o al abandono.

Yo vuelvo a los noventa, a las premisas fundamentales sobre la feminidad, la identidad de las mujeres y el comportamiento de Carrie frente al señor Big . El apego ansioso de Carrie lo veo como una lucha interna por desconocer una tradición que calla y soporta por ser mujer. John quiere pero no quiere, ama a veces, huye y vuelve. Carrie se desespera y se confunde porque ella debería llamar por ser mujer, pero no puede y tampoco sabe cómo hablar de sus incomodidades ni de lo que espera sin gritar o parecer nerviosa. No sabe porque en los noventa apenas se hablaba de esto, así que gritaba, dudaba, se iba, volvía... igual que ahora, pero más patético porque pasó 24 años atrás. Carrie Bradshaw, en lugar de callar, decía lo que sentía, lo decía enojada, desafiaba la tradición que le tocaba mantener por ser mujer y eso, queridas amigas, deberíamos reconocerlo.

Privilegios y mezquindades

Sexo en la ciudad

Carrie y John rompen por primera vez
Tomado de HBO

Si en algo estamos de acuerdo es que Mr. Big fue básicamente un gran cretino, y si algo les va a doler colectivamente es que ese rasgo se mantiene en casi todos los hombres que rodean a las mujeres, desde padres responsables o ausentes, hijos respetuosos o desagradecidos, amigos y esposos. John encarna en la serie los valores predominantes en la mayoría de los hombres: privilegios y mezquindades.

La cretinez masculina es una licencia cultural que les permite a los hombres ser imperfectos y cometer errores sin que haya grandes consecuencias. Hombres que gritan como locos cuando se estresan, que son infieles o pagan por sexo cuando se aburren de sus parejas, que se engordan y se les cae la cola cuando envejecen y que dejan de pagar la cuota alimentaria de sus hijos e hijas cuando tienen una gran fiesta o quieren un nuevo celular. La cretinez masculina es inaceptable en las mujeres.

No hay posibilidades realistas de que Mr. Big fuera de otra manera en los noventa (ni en la actualidad) y todos sus errores están bien justificados en la narración, ya sea al inicio de su relación con Carrie porque sentía miedo tras el fracaso de sus primeros matrimonios, porque la joven y delicada Natasha era irresistible, o por toda la presión que ejerció Carrie antes de la boda, cuando él la plantó. Mr. Big hizo lo que tenía permitido: ser un cretino. La historia de las relaciones entre hombres y mujeres está atravesada por la infamia y, tristemente, las mujeres solemos perdonar los errores de nuestras parejas muchas más veces de las que somos capaces de reconocer.

El otro amor importante de Carrie, Aidan, modelo masculino que muchas añoran, lo recuerdo y lo percibo controlador e invasivo. Quería estar justo al lado de ella siempre, incluso cuando estaba con Charlotte y Samantha, acompañando a Miranda a enterrar a su mamá que acababa de morir. ¿Acaso no era un momento profundamente íntimo y entre amigas? ¿Desde cuándo invadir la privacidad y la intimidad de una mujer pasa como amor o incondicionalidad? ¿Las críticas actuales sobre Aidan no alcanzan a percibir sus formas invasivas?

Ya en “And Just Like That” volvió a decepcionar, primero, cuando fue incapaz de entrar en la casa de Carrie luego del reencuentro, y al final de la segunda temporada, cuando decidió que no podía ser hombre y padre al mismo tiempo.

Lo imperdonable

Sexo en la ciudad

Fiesta en la Terraza
Tomada de HBO

No vine a adular la serie, les voy a contar algunos aspectos del guión que me molestaron de verdad: 

Al comienzo, en la primera temporada, Carrie escribía sobre los hombres que sólo tienen sexo con modelos. Ellos siempre fueron narrados por la columnista como hombres, pero ellas, las modelos, eran una especie de “mujeres falsas” o “no eran mujeres de verdad”. Recuerdo que por aquella época, cuando era una jovencita, hombres y mujeres definían a las mujeres y las ubicaban de acuerdo a la forma en la que se ganaban la vida o por cómo se vestían. En la ética feminista, todas las mujeres son de verdad: las que se operan o modifican su cuerpo, las que hacen ejercicio todas las semanas, las que modelan, las que no quieren ser madres o las que se maquillan. En una escena en donde Carrie entrevista a un amigo para entender su actitud, él la lleva a su casa, le confiesa con total tranquilidad que mientras sostiene relaciones sexuales con modelos las graba, proyecta las imágenes en unas pantallas para que Carrie las vea, y dice además que a menudo se distrae con esas imágenes. Carrie mira un poco desconcertada, pero no está indignada, ni siquiera confundida. Seguramente en los noventa grabar de forma inconsulta una relación sexual no era un delito, como tampoco lo era compartir las imágenes también de forma inconsulta con la gente. Quiero pensar que si la serie fuera escrita hoy, Carrie hubiera demandado a su fuente por delincuente. Lo imperdonable fue la actitud de Carrie y la impunidad de semejante delito.

Cuando las chicas hacían cosas que se reprochaban a ellas mismas, decían “Me estoy convirtiendo en el tipo de mujer que odiamos”. Fue una reflexión que solían usar y refleja la costumbre de odiar a las mujeres y tener argumentos para hacerlo: odiar porque dijo algo tonto, porque tiene sueños tontos o un novio tonto con el que pasa todo el tiempo. Odiar a las mujeres y odiarnos entre nosotras es la victoria más importante del patriarcado, digo yo, y aquel grupo de amigas, liberales y vanguardistas de los noventa, solían odiar a mujeres que desde su óptica eran “clásicas” o “inseguras” o “poco inteligentes”. El feminismo nos ha enseñado a comprender por qué mujeres cuyas acciones son sujeto de reproche hacen lo que hacen, entendiendo su pasado, su contexto y sus necesidades. Lo imperdonable es odiar a un tipo de mujeres y pensar que ellas son inferiores. 

La abogada de Harvard, Miranda, queda embarazada tras un encuentro casual con su ex, Steve el cantinero. La situación le crea un dilema porque el embarazo no deseado interfiere con sus proyectos y porque el padre de su hijo no es lo que ella imagina. Miranda ha decidido abortar y el manejo de su decisión y emociones está atravesada por la culpa y el hecho de que Charlotte buscaba quedar embarazada y no podía. Hay una falta de perspectiva de que abortar es su derecho y eso es lo imperdonable. Desde la ética feminista, tenemos claro que abortar es un derecho, no hay culpa mediada por la moral ni lo sobrenatural y sabemos que hay muchas, muchísimas mujeres que recurren al aborto, incluso, en la serie, Carrie y Samantha comparten que en el pasado también lo hicieron. Ni Miranda ni sus amigas son feministas, entonces entiendo el dilema; sin embargo, esa culpa constante, la presión para que Miranda le contara a Steve, la presencia y el llanto de Charlotte, ponían un drama que no soy capaz de soportar.

Y quizás, el manejo más erróneo y torpe fue el episodio de las trabajadoras sexuales trans abajo del apartamento de Samantha. Primero, sus características dramáticas apelan a ese lugar común en donde las mujeres trans son seres inmensamente felices en medio de todas las dificultades y su principal característica es el humor y la alegría; y segundo, la voz en off de Carrie llamándolas “mitad hombres, mitad mujeres” para ilustrar la confrontación que tenían con Samantha. Las mujeres de verdad también son las mujeres trans, aunque no haya consenso. Lo imperdonable es todo en el episodio.

Narrar los noventa. Odiar el pasado

Sexo en la ciudad

Amigas en las calles de Manhattan
Tomado de HBO

Sex and the City es un producto de su tiempo y el que haya llegado a Netflix y nos haga pensar, revela cómo hemos cambiado y cuánto hemos sufrido. Las críticas que vi y leí juzgan y recriminan los rasgos de personalidad de las cuatro y las nombran como lascivas, insoportables, superficiales, poco éticas, amargadas, ansiosas, perras, egoístas, horrendas… y me pregunto ¿por qué quieren personajes sabios y perfectos en las series? ¿Acaso han visto personas realmente sabias y perfectas en la vida real? ¿Por qué les cuesta ubicar una narración en el tiempo en que fue hecha? ¿Por qué les molestan que las mujeres tengan mucho sexo mientras encuentran el amor? ¿Acaso las mujeres no perdonan los errores de sus parejas muchas más veces de las que son capaces de reconocer? ¿Por qué le exigen a Carrie una ética feminista que apenas se pensaba? ¿Será que esas críticas dejan ver tensiones generacionales? ¿Será que el problema es que las aventureras sean un grupo de mujeres? 

No fue la mejor serie de los noventa, fue la que puso en escena a cuatro amigas mujeres que tocaron temas tabú hace 26 años.



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Mientras cocinaba, descubrí que meditaba

No hay ningún remedio para los hechos ineludibles de la vida
Trungpa Rimpoché

Los contratos de prestación de servicio perfilan la realidad laboral y financiera de millones en Colombia y así me encontró el 2024. Enero llegó cargado de angustia, falta de fe y confusión. Las cuentas apretaban y los gastos se disparaban con la temporada escolar. Ante el desempleo, reinventé mi rutina: un poco de lectura, organización de la casa y cocina diaria.


La vida doméstica, aunque agotadora, resulta llevadera para mí. Si tan sólo fuera mejor remunerada, hasta me plantearía dedicarme. Enfrentar estas labores en medio de la incertidumbre no tiene gracia, pero como dicen, había que buscarle sentido a la vida. Y así, en este remolino de frustraciones económicas, encontré refugio en la cocina mientras esperaba a mi hija e hijo al regresar del colegio. Entre ollas, sartenes, recetas y aromas, descubrí "El Oso" y el espacio para la meditación
.

"El Oso" como Espejo


Serie de televisión

Serie de televisión "El Oso"
Tomado de Star Plus

"El Oso" es una serie que vi en Star Plus, sobre un conocido chef que regresa a su ciudad natal, Chicago, para hacerse cargo del restaurante familiar tras el suicidio de su hermano mayor. Es la imagen típica de quien busca la sanación después de una pérdida terrible y de cómo la cocina se vuelve un lugar de liberación y transformación.


Al igual que Carmen Berzatto, o Carmy, el protagonista, me encuentro en una etapa de incertidumbre. Junto a él, descubro en la cocina un refugio donde, gracias al ritmo sereno de las tareas, logro calmar mis pensamientos y un buen día me doy cuenta, que mientras pico zanahorias y revuelvo salsas, estoy meditando.


A medida que la serie avanza, se van revelando las violencias y soledades de la vida familiar. Los personajes, al igual que yo, cargan con el peso de relaciones difíciles y traumas del pasado. A través de la comida, alimentan sus cuerpos y comienzan a sanar sus almas.


Carmy busca "soltar" las cargas que lo oprimen. Su empeño en la perfección en la cocina es la metáfora de su búsqueda de paz interior. Cada plato que prepara es una expresión de su dolor, su ira y su esperanza.


La serie me recuerda que la cocina no sólo es un lugar para preparar alimentos, sino también un espacio para la conexión con uno mismo y con los demás. Es un lugar donde podemos encontrar belleza en lo simple, celebrar la vida y aprender a "dejar ir" momentáneamente las tensiones económicas y todo lo que nos duele.


Sydney, la chef exquisita nacida en un hogar pobre y fascinante, ve cómo su talento no le alcanza para tener un auto propio y debe compartir un pequeño apartamento con su padre. Sydney representa la disciplina y el orden en la cocina mientras busca su propio camino. Y Natalie, tiene fe en que, algún día, el encuentro familiar será tranquilo y conciliador.


El pasado marcado por la tristeza, las mezquindades humanas, la convivencia y la cocina, van encontrando un orden que trasciende las penas y cierta magia para transformar las heridas.
La cocina como templo


Cocinando y meditando

Mi cocina: templo inesperado y lugar de meditación

Mi cocina


Las cocinas, históricamente asignadas como el dominio privado de las mujeres, han persistido como espacios casi ancestrales y exclusivos para nosotras; tan es así, que aún muchas abuelas las reivindican como su territorio personal. Salir de allí nos ha costado persecuciones, la ridiculización y desconfianza social generalizada, como si nuestro único talento fuese cocinar y cuidar de la familia.

Alimentar a una familia o a un grupo de personas es un acto noble, y hacerlo de manera exquisita un arte. Aunque disfruto de la cocina y tengo habilidades, enfrentar la cotidianidad en este espacio y con preocupaciones, me resulta agobiante y exigente. La expectativa es que las cocinas sean lugares limpios, luminosos, amplios, llenos de colores y aromas deliciosos, que lo que salga de allí sea un deleite y todo esto recae en quien está frente a ella.

Cuando Carmy regresa a Chicago, encuentra un restaurante que podría describirse como un hueco, donde, en medio de gritos y estrés, va saliendo la comida. Los utensilios llevan consigo el peso del pasado: sartenes quemados, rayados e imperfectos, manchas en las paredes, mesones y manijas dañadas. "El Oso" cocina para camioneros y secretarias, pero el interés en el lugar se aviva gracias al chef reconocido mundialmente.

La serie presenta primeros planos divinos y llenos de luz que capturan el proceso de preparación de los alimentos, y el restaurante, al igual que todos nosotros en la vida, camina a pesar de la incertidumbre, transformándose en un lugar pulcro y con menús refinados. Aunque inicialmente hay resistencias para aceptar el cambio, todos encuentran su lugar mientras confrontan sus propias vidas en la cocina.

Albóndiga, papas asadas y ensalada

Almuerzo de sábado en casa

Cocinar me ha implicado estar plenamente presente en el momento porque la preparación requiere la atención plena en cada paso. Cuando descubrí “El Oso”, conecté con la cocina, con el sonido de cuchillos cortando, el aroma de las especias, la textura de los ingredientes y momentáneamente dejaba de angustiarme por mis dificultades. Así llegó la noción de que estaba meditando y de que la cocina es mí templo. Mientras cocino, el flujo de pensamientos especialmente agobiantes se desvanece y me da el espacio para disfrutar de mí tiempo presente.


Los tiempos privados de los chefs de “El Oso” son hermosos y meditativos, pero cuando están en las horas pico de comida, hay mucha intensidad mezclada con sus vidas intimas. Tanto en “El Oso” como en mi cocina, preparar alimentos libera sabores y pensamientos, como en la meditación.


En tiempos de incertidumbre, Permanecer en la cocina ha sido un acto de bondad hacia mí misma.


La belleza de lo simple y el consuelo


Autora del blog La Mala Feminista

Yo simulando calma

El budismo es potente por su profundidad expresada con sencillez y simplicidad, y fue allí donde también encontré un poco de alivio. No puedo evitar relacionar lo que vivo con las palabras de Pema Chödrön en "Los lugares que asustan", quien destaca la impermanencia de la vida y cómo resistirse al cambio o imaginar que todo seguirá igual, causa sufrimiento. La impermanencia en el budismo es la comprensión de que todo en la vida, incluyendo los estados mentales, las situaciones y las experiencias, está en constante cambio, y esto me recuerda que mi situación actual también cambiará pronto. Aunque no siempre me brinde la tranquilidad que deseo, lo acepto y lo intento.


Y justamente, Pema pide aceptar la realidad y encontrar la felicidad en lugares apropiados. En mi búsqueda de consuelo, descubrí que la cocina se ha convertido en ese lugar, un refugio donde practico la aceptación y encuentro paz en medio de la impermanencia.


La felicidad es un lugar común que añoro con sinceridad, pero también es un concepto filosófico profundo y el budismo ha reflexionado sobre ella. Pema indica que habitualmente caemos en patrones adictivos para escapar del sufrimiento momentáneo, adicciones que, aunque proporcionen una satisfacción temporal, fortalecen hábitos de sufrimiento a largo plazo alejándonos de la felicidad.


La inseguridad y angustia colectiva ante la falta de estabilidad laboral en el país, hace que millones de personas vivan entre la necesidad, la ansiedad y el sufrimiento. Lamentablemente, la falta de solidaridad y comprensión agrava la situación, y la prisa y falta de conciencia, impiden reflexionar sobre formas más serenas de habitar este mundo y afrontar sus urgencias.


Quizás colectivamente, necesitemos un hábito o practicar algo y entrar en meditación para alejar la angustia por un momento. A veces, mientras medito o cocino, no sólo llega cierta ilusión, sino que posteriormente, tengo ideas de lugares a donde puedo acudir buscando un abrazo, dejar mi hoja de vida o una idea realizable. 

  
Ojalá mi experiencia inspire a alguien a encontrar la paz en medio de la incertidumbre.


The Bear - Ficha técnica

Títulos en español: El Oso
Género: Comedia dramática
Creado por: Christopher Storer
Protagonistas:  Jeremy Allen White, Ebon Moss-Bachrach, Ayo Edebiri, Lionel Boyce, Liza Colón-Zayas, Abby Elliott, Matty Matheson
País de origen: Estados Unidos
Idioma Original: inglés
N.º de temporadas: 2
N.º de episodios: 18






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Reflexiones imperfectas con enfoque de género. Una mala feminista y mis ideas sobre política, conflictos, cocina, amor, cine y mucho más. Soy Julieta Penagos.

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